
El regreso de Michael Schumacher despeja dudas que había dejado su retiro de la F-1
BUENOS AIRES -- La respuesta es simple, desencaja cualquier especulación, descompone hipótesis y se ríe de los cálculos. No persigue revancha, ni más récords estadísticos. Tampoco piensa en el prestigio que pondrá en juego cuando vuelva a calzarse el antiflama. Sus potenciales rivales poco interesan. Ni lo enciende particularmente manejar autos con menos aerodinámica y llenos de nafta en el arranque de las carreras.
Menos le importan los siete millones de euros al año que, se dice, cobrará como sueldo: un vuelto al lado de su fortuna. Michael Schumacher sólo quiere correr. Y vencer. Como antes, como siempre.
Las señales que ha dado el corredor más ganador de la historia, el máximo campeón en 60 años de Fórmula Uno, son propias de quien jamás salió del juego. Schumacher no vuelve: nunca se fue. Si no parecía tan convencido cuando anunció su retiro, menos dispuesto a la jubilación lució cuando probó más tarde la Ferrari, se entrenó y compitió en motos y terminó aceptando una vuelta temporaria con la Rossa -frustrada por aquella lesión cervical- para sustituir a su buen amigo Felipe Massa.
Como se conocen hace casi dos décadas, desde cuando el piloto se lucía en el programa de desarrollo de jóvenes de Mercedes-Benz en el Mundial de Sport Prototipos y el ingeniero trabajaba en Jaguar, Ross Brawn intuyó que el alemán estaba dispuesto a volver a tiempo completo a pesar de la respuesta negativa recibida cuando se lo preguntó en Abu Dhabi, el último Gran Premio de 2009.
Tres semanas después, ante el fracaso de las negociaciones para renovarle contrato a Jenson Button, volvió a la carga y le sacó el sí. Que Brawn, el cerebro táctico y estratégico con el que Schumacher ganó sus dos títulos en Ferrari y los cinco en Ferrari, esté al frente de Mercedes -ex Brawn, antes Honda, una vez BAR y fundado como Tyrrell- resultó fundamental para que firmara.
A punto de cumplir 41 años, el vencedor en 91 carreras luce el mismo físico que cuando corría. Siempre se mantuvo entrenado, lúcido, actualizado. No consumó el retiro, quizá porque su salida fue empujada por las circunstancias y cierto cansancio más que convencimiento propio.
A mediados de 2006, Luca di Montezemolo contrató a Kimi Räikkönen como sucesor del alemán y puso al piloto que más victorias le dio a Ferrari en una encrucijada: aceptaba ser compañero del finlandés y dejaba sin butaca a su protegido Massa o se retiraba. Di Montezemolo recortó así el poder que ejercían en Maranello los socios del éxito: Jean Todt, Brawn y Schumi. El piloto prefirió el retiro. Los otros dos también dejaron la Rossa: Todt, de a poco; Brawn se tomó un 2007 sabático.
El presidente de Ferrari, que días atrás filtró unas palabras que Schumi le dijo en charla privada sobre la fuerte posibilidad del regreso, recordó también la promesa -pública- que el piloto supo repetir: la Scuderia sería su último equipo. El rol de consejero con participación acotada y las funciones de embajador sin cartera no le sentaron nunca a quien jamás dejó de sentirse corredor.
Cuando los médicos se lo permitieron, exigió el cuello fracturado en aquel porrazo con la moto en Cartagena para comprobar que soportara las exigencias de un Fórmula 1. Schumacher adquirió un nuevo aparato para entrenar el pescuezo: el que tenía antes se lo había regalado a su compatriota Nico Hülkenberg, también protegido del apoderado Willi Weber, que logró el título 2009 de GP2 Series y debutará con Williams en 2010.
Mercedes, tal como admitió su director deportivo Norbert Haug, quiso contratar a Schumacher en 1995 (antes de que pasara de Benetton a Ferrari), 1998 y 2005. Durante 14 años, el directivo alemán y el piloto fantasearon con la posibilidad de trabajar juntos. La casa de Stuttgart había aportado en silencio parte de lo requerido por Eddie Jordan para el debut, en Bélgica, en 1991. Schumi, Heinz-Harald Frentzen y el austríaco Karl Wendlinger formaban parte del semillero de Mercedes en aquel equipo de Grupo C que comandaba Peter Sauber a comienzos de los '90.
Schumacher no vuelve, retoma lo que dejó hace tres años con el incentivo de trabajar al lado de hombres de confianza. Tiene, dicen sus allegados, el entusiasmo de un chico. Que sólo quiere correr. Como siempre: para ganar.
Martín Urruty es periodista especializado en automovilismo desde 1993. Trabajó en el diario Clarín y en Radio Rivadavia y fue co-autor del libro \"Formula 1 -50 años- La eterna pasión\". Actualmente es redactor del diario deportivo Olé, y además es de columnista del SportsCenter Latino de ESPN, de ESPN Radio en Rivadavia y de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.
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